Nace en Sevilla, y se cría en un barrio popular, el Cerro del Águila, en medio de las dificultades económicas y culturales que siguieron a la Guerra Civil española. Realiza sus estudios primarios en la escuela pública de su barrio, y a los catorce años ingresa como aprendiz en los talleres mecánicos de HYTASA una fábrica de tejidos, en la que aprende y ejercita el oficio de soldador eléctrico, al tiempo que amplia sus estudios en las clases nocturnas impartidas en la misma fábrica.

Como los demás niños del Cerro se impregna de la vida del barrio, familiarizándose con los cantes por soleá de “El Papero”, y los fandangos comprometidos de “El Bizco de Amate”, un universo de tonalidades que formalizarán más tarde su concepto del flamenco y de su función social.

Obreros comunistas de Hytasa, como Emilio “El pajarito” introducen a muchos jóvenes en el marxismo y en una cultura de lucha clandestina. Salvador en aquellos años frecuenta por las tardes estas reuniones que le hacen tomar conciencia de clase trabajadora. Como él mismo cuenta “en Hytasa los jefes eran catalanes, los cocineros vascos y los trabajadores andaluces”. También la amistad con el hijo de Blas Infante – Luis – novillero y compañero de sus aventuras taurinas, dio a conocer a Salvador la figura de su padre de la que entonces nadie podía hablar , enriqueciendo su conocimiento político-histórico y suscitando el interés de Salvador por la obra y la vida de Infante. Todas estas vivencias junto a otras muchas en el entorno jugarán un importante papel en el futuro dramaturgo.

Salvador es aficionado al toro y salta por las noches las tapias del matadero municipal para torear a las vaquillas y los toros que allí llegaban. Apadrinado por Rafael Gómez “El Gallo”, Távora adquiere cierto prestigio en las plazas de Toros de Ubrique, Utrera, y la Maestranza sevillana., entre otras. En esa época vive experiencias de comunión entre el riesgo y el arte que, más tarde se reflejarán con claridad en su perspectiva teatral.

Formaba parte, como sobresaliente, de la cuadrilla del rejoneador Salvador Guardiola del que también era buen amigo . Guardiola en la plaza de toros de Palma de Mallorca el 21 de Agosto de 1960 es corneado por un toro y muere instantes después. Távora tuvo que salir a matar a ese toro que había acabado con la vida de su amigo y, tras hacerlo, decide acabar definitivamente su carrera taurina.

El entorno del barrio donde vive, Cerro del Aguila, el taller de Hytasa y los ruedos acumularon en él un caudal de singulares vivencias.

Abandonada la vida taurina y por una serie de circunstancias, participa como cantaor en espectáculos flamencos al uso. Tras su paso por espectáculos de la época con figuras como Juanita Reina y formando parte del grupo “Gitanos de Bronce y Oro” y más tarde “Los Tarantos” en los que tuvo experiencias y amistades muy cercanas y queridas como la de Enrique Montoya, Manolo Sanlúcar, Pastora Pavón “la niña de los Peines”, Antonio Mairena, Juanito Valderrama… y tomando conciencia que “la realidad de Andalucía andaba por un lado, y sus cantes por otro”, abandona estos ambientes profesionales para iniciar en solitario el intento de una nueva expresión andaluza que, haciendo coral y colectivo el grito angustioso e individual del flamenco, reflejará la situación social de su tierra, y la condición de su medio. Es entonces cuando tropieza con la censura. A pesar de esto y en medio de dificultades para expresar sus inquietudes, consigue escribir y grabar canciones como: “Campesinos Tristes“, “Segaores“, “Andalucía la que divierte“, “Por las Pisadas“, “En Pie” “A pasitos seguros” … que más tarde fueron grabadas por diversos grupos y cantantes como Jarcha o Pepe Suero, contribuyendo decididamente a crear una conciencia andaluza e intentando rescatar otra imagen de Andalucía.

A finales de la década de los sesenta, es requerido- por su singular forma de entender la expresión andaluza- por el critico teatral José Monleón para formar parte del Teatro Estudio Lebrijano, con ocasión de su participación en el Festival Mundial de Teatro de Nancy en Abril de 1971. Se crea el espectáculo “Oratorio”, y, con la incorporación de cantes flamencos interpretados por Távora y su propuesta a la unidad colectiva dramática de la obra, consigue hacer del flamenco, con su peculiar forma de expresarlo, un elemento de comunicación de gran impacto por lo inusual e impactante.

Su asistencia al citado Festival de Nancy como componente del Teatro Estudio Lebrijano le proporciona la posibilidad de ver diversas e interesantes propuestas estéticas-teatrales que le impresionan y le sugieren atrevidas exploraciones escénicas futuras.

Con esta considerable carga de experiencias humanas, artísticas y profesionales acumuladas a lo largo de su vida, a la vuelta de Nancy, Távora concibe y elabora, en los últimos meses del año 1971, en un pequeño local de su barrio El Cerro del Águila el espectáculo teatral “Quejío” donde, arremete contra el academicismo teatral.  Ordena tonalidades en su memoria hasta alcanzar una unidad dramática sonora de extrañas características y desconocidas formas. A propuesta de Paco Lira, dueño del local “La Cuadra” donde se albergaron importantes movimientos culturales políticamente comprometidos de aquella época, Távora ultima su trabajo en el mencionado local del que, más tarde, por razones de solidaridad política, tomaría su nombre. Quedando constituido en “Quejío” el grupo teatral “La Cuadra de Sevilla” que llega hasta la actualidad.

Quejío“, por mediación de José Monleón, se presentó en Madrid, en el Pequeño Teatro del T.E.I. el 15 de Febrero de 1971, y alcanzó inimaginables resonancias internacionales al presentarse en la Sorbona de París debido al interés de Jack Lang, (futuro ministro de cultura Francés) director y fundador del Festival de Nancy. El espectáculo sorprendió por el compromiso social y su singular lenguaje teatral y una visión nunca vista hasta el momento del flamenco. A partir de ese momento, la vida y el nombre de Salvador Távora quedan íntimamente ligados a “La Cuadra de Sevilla“.

Gracias a Quejío y a los espectáculos que le siguieron como Los Palos o Herramientas Cataluña y los catalanes comprometidos en aquella época tuvieron una percepción totalmente distinta de la que hasta el momento se había tenido de Andalucía en lo político-social y fue un faro de inspiración para la creación de un teatro catalán propio como nos cuentan numerosas testimonios en Cataluña.

Távora abría caminos insospechados e inexplorados hasta el momento y difundió por Europa y por España una Andalucía que conmovía, sorprendía y mostraba su cara más combativa y comprometida a través del Arte y de un lenguaje propio, distinto, alejado del lenguaje teatral al uso y utilizando, además, elementos como el cante y bailes flamencos en una vertiente hasta el momento inexplorada.

Sus obras se comparaban con las grandes obras europeas del teatro independiente llegándose a equiparar con el Proletkult ruso como sucedió con Herramientas.

En el campo del lenguaje teatral, Salvador Távora ha introducido, paulatinamente, en los escenarios, con singular precisión, al igual que en un ya lejano día lo hizo con los cantes y bailes flamencos, el valor poético de las máquinas del trabajo, de las herramientas, de las frases visuales del color, de la sorpresa y la belleza de los animales, de la armonía del ritmo en los objetos, de la simetría o geometría poética, y una buena parte del universo sonoro y dramático del andaluz, como las marchas procesionales, las corales populares partiendo de tonalidades flamencas, el olor a incienso y alhucema de sus rituales, el riesgo o estremecimiento de las corridas de toros, etc.; todo con la voluntad de dar noticias de la identidad oculta y manipulada de su tierra en particular, y de la sensibilidad de todos los hombres y de todos los pueblos en general.

Hormigoneras, retroexcavadoras, segadoras, hoces, soldaduras eléctricas, plataformas cargadas de cirios que se descolgaban de los techos teatrales, olores de inciensos, alhucemas, caballos, halcones, perros, palomas, cadenas, cruces gigantescas que aparecen sorpresivamente en escena, transportadoras mecánicas… mecanismos de todo tipo empleados en el mundo real del trabajo han formado parte del universo teatral de Távora donde todo andaba, sonaba o vibraba al compás de ritmos flamencos, de puestas en escenas arriesgadas siempre artística y físicamente hablando.

Távora no sólo ha trabajado con La Cuadra. En 1989 monta la coreografía de la opera “LA TRAVIATA“, dirigida por Nuria Espert. También ha creado y dirigido “PASIONARIA (NO PASARÁN! (1993) sobre un texto de Ignacio Amestoy, para el Teatro Gasteiz-Antzerki; y ha creado y dirigido para “José Antonio y los Ballets Españoles”, en 1993 una novedosa coreografía dramática a la que titula “CACHORRO“. También ha creado seis espectáculos específicos para la Feria del Toro de Sevilla que forman parte de un ciclo taurino que le apasiona.

Távora es hoy un andaluz reconocido y respetado en su tierra y en los ámbitos internacionales del teatro, por su comprometido trabajo en la búsqueda de la identidad histórica de su país y por las positivas e imprevisibles respuestas que puedan provocar sus productos en el campo social del arte.

Las tesis universitarias hechas sobre su obra en numerosas universidades del mundo demuestran el alcance y el interés internacional por la obra y el lenguaje de Távora llegándose a estudiar algunas de sus obras en universidades como ocurre en la de Buenos Aires con la obra “Las Bacantes”.

En Portugal Távora y La Cuadra de Sevilla formaron parte importante de las actividades culturales seguidas inmediatamente al 25 de Abril portugués. Eran trasladados en tanques del ejercito revolucionario a diferentes pueblos donde ayudados por los propios soldados montaban los escenarios para ofrecer su espectáculo en pueblos donde por primera vez entraba un grupo de teatro.

La repercusión de su obra es tal que Melina Mercuri, Ministra de Cultura griega lo elige entre muy pocas personalidades de la cultura mundial para que deje huella de la humanidad en El Arca de la Cultura guardada en un refugio antinuclear en Grecia.

Las pocas versiones que realizó de obras de grandes autores literarios recibieron la admiración y el elogio público de estos como sucedió con García Márquez tras representación en la ciudad de Méjico de “Crónica de una muerte anunciada” a la que asistió el autor.

Su Opera de cornetas y tambores “Carmen” que estaba revisto estrenarse en Nueva York el 11 de Septiembre en el que tuvo lugar el atentado contra las Torres Gemelas. Fue el único espectáculo que decidió estrenarse al día siguiente con entrada gratuita para ayudar al ánimo de los neoyorkinos y tuvo una gran repercusión en las noticias que llegaban al Estado Español y en la propia actividad cultural de la ciudad en esas fechas. Interesantes las vivencias del grupo en aquellos momentos y sus testimonios.

Salvador Távora con la Cuadra de Sevilla ha realizado su actividad artística durante más de cuarenta años, creando veintiséis espectáculos que han sido portavoces de un lenguaje propio y singular y de una cultura específicamente andaluza, llevando su sentir, sus emociones a lo largo de más de 5.000 representaciones, ante más de 3.000.000 de espectadores, en 35 países, y 180 Festivales Internacionales.

Todos los espectáculos han sido y son reflejos de un hondo compromiso hacia Andalucía, a la par que confesiones autobiográficas, ya que él no concibe el teatro sino como una expresión eminentemente personal y comprometida, asumiendo unas posturas sociales y culturales determinadas por las vivencias acumuladas.

Sin duda, la particularidad de ese lenguaje teatral, clásico ya, de Távora, y la verdad que transmiten los espectáculos, son los factores que han permitido a La Cuadra permanecer en actividad a lo largo de 40 años, de ensanchar su horizonte, y unir su voz a la de todos aquellos cuya vida y cuyo arte tejieron los signos de la Cultura Mediterránea.

Numerosos premios y distinciones han significado la labor teatral de Salvador Távora y La Cuadra, entre ellos la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, recibida en 1985 de mano de Su Majestad el Rey Don Juan Carlos, el premio Andalucía de Teatro 1990, concedido por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, La Cruz de Sant Jordi (siendo el único no catalán que la obtiene), el nombramiento de Andaluz del Año 1993 que la Federación de Entidades Culturales Andaluzas en Cataluña otorgó a Salvador en reconocimiento a su trabajo en pro de la dignificación de los valores culturales de Andalucía, entre muchos otros de todo el Estado y otros territorios.

El 31 de mayo de 1996, el pleno del Ayuntamiento de Sevilla acuerda por unanimidad rotular una calle sevillana con el nombre de Salvador Távora. Y en sesión plenaria celebrada el día 27 de Febrero de 1997, el Ayuntamiento de Sevilla acuerda por unanimidad otorgar el Título de Hijo predilecto de Sevilla. Y como un hecho solidario y generoso del municipio sevillano, a petición de las asociaciones de vecinos del barrio, en el año 2000, todas las calles del polígono industrial Navisa – donde La Cuadra tuvo su sede social y se montaron todos los espectáculos desde 1983 hasta el 2007 – fueron rotuladas con los nombres de todas las obras de Távora y La Cuadra. El Ayto. de Almonte también acuerda poner el nombre de Salvador Távora a su actual teatro. En su barrio del Cerro del Águila también uno de sus Institutos lleva el nombre del dramaturgo.

En marzo 2007 la Cuadra inaugura un teatro propio estable, de singulares características, que lleva el nombre de Teatro Salvador Távora  establecido en el mismo lugar donde comenzó su andadura humana como trabajador, como soldador eléctrico a los catorce años: en la antigua fábrica de HYTASA, Desde entonces la actividad teatral de Távora con su compañía se asienta en este teatro en el cual, ante la solidaria acogida del público, se le abre la posibilidad de hacer compatibles sus investigaciones creativas asentadas en Sevilla con las temporadas y giras por todo el mundo que han sido fundamentales para su reconocimiento histórico en el marco del teatro español contemporáneo.

Los recuerdos que lo marcaron en la Post-guerra, la visita de Franco al Cerro del Aguila, las palizas que aquellos trabajadores revolucionarios de Hytasa recibían y que siguen vivas en su memoria, anécdotas como su primera ducha en casa del hijo del jefe catalán de la fábrica, la relación con Pepe Pinto, con la Niña de los Peines, cómo la de las imágenes procesionales del Cerro que convivieron en su local de La Cuadra durante meses con los ensayos de uno de sus montajes y un largo etcétera así como numerosos testimonios propios y ajenos sobre la obra y vida de Salvador irán vertiéndose en este documental que correrá en paralelo por su vida y su obra ya que, como él mismo dice, en su caso son inseparables y consecuencia una de la otra.

Los vecinos de su barrio, por propia iniciativa, en el año 2013 deciden organizar un homenaje a su persona dentro del propio barrio cuyo significado, a la vez que entrañable demuestra que Salvador ha sido una persona vinculada a su gente, a su barrio y a sus amigos de siempre sin que ni su lugar de residencia ni su forma de vida hayan cambiado nada de la de aquel Salvador torero, cantaor, autor y creador del mítico Quejío que nació en un local del Cerro del Aguila y que, desde ese pequeño loca de su barrio sevillano, se proyecta al mundo y ha sido reconocido internacionalmente.

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